la millora de l’agricultura i el creivxement demografic

La tierra era el aspecto básico de la producción en la España del siglo XVIII y la agricultura era la primera fuente de riqueza. En 1797, el ámbito agrícola español absorbía mucho más del 65% de la población activa, al paso que solo un 22% se dedicaba al ámbito servicios y el 12% a la industria. En los territorios de la vieja Corona de Castilla esta inclinación era mayor aún llegando al 80%.

Las relaciones sociales se articulaban cerca de la organización jurídica de la tierra y al término de propiedad que configuraba la agricultura señorial. La mayoría de las tierras productivas estaban bajo el dominio de la jurisdicción señorial y estaban amortizadas, o sea, estaban fuera del mercado y no se podían obtener ni vender por estar en posesión de lo que se llamaba manos fallecidas.

Introducción

Hace 12.000 años, en el Creciente Fértil de Oriente Medio nació un emprendimiento que debía mudar totalmente la raza humana. Ciertos conjuntos de cazadores-colectores empezaron sus primeros ensayos con una exclusiva tecnología, la agricultura, que les llevaría a dejar sus hábitos nómadas y explotar de una forma considerablemente más eficaz la energía del sol que las plantas captan y usan para su desarrollo y reproducción. La agricultura va ganando lote con lentitud –tardó mucho más de 5.000 años en imponerse como actividad primordial de las ciudades humanas en Europa– pero lo logró de forma fuerte, por el hecho de que su implantación suponía un incremento de la aptitud demográfica, organizativa, militar y tecnológica de esos que la practicaban (Morris, 2014). La consecuencia mucho más visible de o sea que la agricultura fué la causa fundamental de que la población de todo el mundo haya pasado de menos de 6 miles de individuos hace 12 milenios a los mucho más de 7.600 millones recientes.

Después, la agricultura aparece independientemente en otros centros de todo el mundo, pero lo logró siempre y en todo momento desde la domesticación –entre el achicado nombre de especies probablemente domesticables– de ciertos animales y plantas, distintas a cada centro, que tenían las características nutritivas indispensables para lograr sostener una población sedentaria y creciente, y que al unísono dejaban asimismo almacenar y también canjear el excedente de la recolección agraria en el momento en que este se generaba. Estas plantas fueron ciertos cereales y legumbres como fuente escencial de hidratos de carbono y proteínos y múltiples animales que completaban y enriquecían la dieta al unísono que daban la fuerza para efectuar la actividad agraria: labrar la tierra, desplazar el agua, transportar los artículos de la cosecha, moler el grano, etcétera. (Diamond, 1997). La agricultura incorporó al modo de vida humano otros elementos de valor mucho más discutible, como el hacinamiento de personas y animales en condiciones poco saludables o una humillación creciente del medioambiente.

Deja un comentario