fotos de la agricultura agraria liberal del siglo xviii

Tenemos la posibilidad de determinar el diezmo como la décima una parte del producto agrícola que el campesino debe dar a la Iglesia a fin de que esta sostenga las edificaciones y los ministros de culto y auxilio a los pobres de la red social. Teóricamente, el diezmo graba todos y cada uno de los artículos de la agricultura y la ganadería, menos los de la pesca y en ciertos casos la producción artesanal e inclusive el salario, pero idéntico producto puede abonar o no diezmo según se recoja en una o otra parroquia. Los cereales primordiales prácticamente siempre y en todo momento diezman, tienden a ser los diezmos mayores, al tiempo que los artículos de cultivo secundario o de reciente implantación son los que con una mayor frecuencia están exentos. El lanar diezma en prácticamente todas las oportunidades, no de esta forma otro género de ganado y las aves de corral. El porcentaje que piensa el diezmo en relación a la producción es variable, si bien lo habitual es que se ubique cerca del diez%, singularmente los cereales, al paso que los modelos inferiores abonan tasas inferiores e inclusive frecuentemente su importe es percibido en metálico.

agricultura

El diezmo puede ser administrado por exactamente los mismos participantes o arrendarse, siendo este el trámite mucho más usado en el siglo XVIII, y su recaudación demandaba una dificultosa organización. Cada ceja formaba una unidad perceptora y cada una se identificaba con la parroquia, si bien frecuentemente la parroquia matriz abarcaba múltiples islas. En todos y cada parroquia se nombra un tercer o ciller solicitado de agarrar y custodiar los frutos decimales para su reparto a los apasionados ​​(acostumbraban a ser clérigos, sacristanes, profesores de escuela, o militares retirados), y acorde se iban colectando los diezmos se guardaban en la cilla. Cuando el tercero había recogido los diezmos cada dezmero debía declarar frente al cura del puesto la cantidad y especies que había diezmado, y el sacerdote, de conformidad con esta declaración y las notas del tercero, formaba los libros de tazmias. A comienzos de otoño se acostumbraba a efectuar el reparto entre los participantes, y cada uno de ellos le daba el destino que mejor creyese favorable: curas, favorecidos y ciertos conventos acostumbran a destinarlo al consumo de adentro, la mesa episcopal y el cabildo catedralicio en venta, aguardando para esto subiesen los costos en el momento en que el año agrícola se encontraba a puntito de finalizar.

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